domingo, 20 de enero de 2013





La Esquizofrenia de Mallarmé




No comprendo, y
no acabo de comprender, que
cómo en la familia
Del poeta de Franco
Del poeta de la dictadura
española
Surga un loto negro
Asqueroso
Y tremendamente gritón
Que se llame Leopoldo María Panero
(María por el sufrimiento,
Leopoldo por la simbiosis)

Largo y decimonónico

Demente

EL POETA...









martes, 15 de enero de 2013





Peces de Colores






Azotó la puerta y al mismo tiempo disparó,
eso; nadie supo en el edificio, nadie ni nadie,
que Dravec se desvanecía, lívidamente,
tal como una pileta que expele sangre
como un desodorante, y que va cayendo,
como en esas cámaras lentas contemporáneas,
de a poco, pero no sólidamente, sino como
un gas. Dravec dejaba este mundo de vivos:
un globo de carne que desinfla su espíritu. Ah!

Carmen yacía de rodillas en el piso, llorando
antes del disparo, absorbiendo ideas lamentables
como un oráculo que detecta su muerte;
todo esto sucedía en 3 minutos, los suficientes
para balear un cuerpo y dejarle ir. Muerto.
Los diamantes (ellos aún no lo sabían), descan-
saban en el bolsillo de un difunto, en algún
desprestigiado cementerio de Praga;
donde las almas comen alpiste, donde las
almas no se van a otro planeta, donde las almas
penan, donde las almas siguen vigentes: zombies.






martes, 8 de enero de 2013




INTENTO DE REALISMO DALINIANO





el ocaso es un poco oscuro
un arco del triunfo se la ha pasado
toda la mañana ensuciándose
en el centro de un desierto plano
y algo, no muy nítido aún,
se acerca ahora por entre
sus dos flancos amarillentos

es un caballo negro que
arrastra un carrito rojo,
no muy grande, del que
desbordan sábanas
no rojas, sino bermellones
de una material
que podría tratarse
de gamuza, o algún tipo
de tela áspera

se acerca, y "yo", que soy
su observador, dudo ser
una persona; de hecho
me consideraría un ser
omnisciente; algo que está
sentado allí
pero que no se ve

el carrito y el caballo
se acercan, y lo que podría
parecer una mudez casi absoluta,
hermética; se ve interrumpida
por el llanto de un bebé,
que por deducción
espero encontrar dentro
de ese canastito
hecho de telas bermellones

el caballo está casi encima
"mío", y sin detectar
mi presencia,
me atraviesa,
y sigue su rumbo




viernes, 4 de enero de 2013




PLAYA







Bienvenidos a esta
refrigerador-noche!:
   los murciélagos se mantienen
        ocultos de los besos,
y la Luna muge como una vaca colosal

Lo oímos,algo se hace a orillas de la playa,
algo rojo y misterioso; mientras aquí,
otra cosa se escurre por las veredas
de la City::
  un barro inmundo de días de diluvio.

Tantos diluvios por conocer!

      Ay! Que venga la vida
y que me atraque los pulmones 
                                de una vez!
     Que me diluya el aliento
hasta la muerte, de mis, de
    mis pulmones como 
                 de aullido de cisne!

  Así y todo,
los bebes lloran a medianoche,

Pero esta noche precisa,
mi corazón por fin se sumerge
  en la noctámbula friolenta, y
algo de mi amor,
  de mi amor infinito,
se cuelga, y se mece,
  como una niña blanca
perdida en el bosque. 


                              Hay terror. Obvio.
       Las nubes nocturnas 
                           cruzan,
  y una Magdalena llora la partida
de su proxeneta.        Y el dinero
                   cae, o se quema, 
      porque es El Fin, y a la raza humana ya
    no le sirve El Capital.


Y en la desembocadura de todos los ríos,
   y de todas la humedades, allí,
todas, muchachas en bikini,
   pero con las tetas al aire, 
se abren hacia el alba,
   como una invasión de luciérnagas,
la cola del Fénix.

Cuando comienza
 nuestra canción de nunca acabar,
una sinfonía de mármoles,
reverberando en esta noche llena de sol,
es cuando me da por hacer del Amor un puro grito.
   y atragantar a mis amantes en mi asfixia,
para verlas germinar 
denuevo en su huevo, o sea,
  en la erótica paciencia de Dios,
ese tiempo dedicado a
   diseñar cada cuerpo,
   cada tierno cuerpo que será fornicado
en el estío de sus épocas,
  en la adolescencia sobre todo,
sanamente, como una monja y un lirón
  sobrepuestos sobre la fotografía 
en negativo de un León mojado.

Muchachas desnudas miran las estrellas,
  esto es, y agitan sus piernas,
se examinan entre ellas
  sus vaginas, sus clítoris,
los olfatean, los lamen,
  miden con sus manos sus pechos,
confirman la firmeza de sus culos,
  para después de esto,
y nada más que esto,
echarse a nadar a la Aurora.
               La cola del Fénix,
                              mi olor,
                                  mi peste de hermosura.!










jueves, 3 de enero de 2013








Yo soy mi padre
Y mi madre
Y mis abuelos
Yo soy le desastre
La Segunda Guerra Mundial
Y el Eclipse
Soy la barba
En el mentón
Del revolucionario
Soy el cohete
Que estalló
Antes de llegar a la Luna
Soy el olvido
De los mataderos
Soy la lluvia ácida
De las revolución industrial
La guillotina oxidada
De la revolución francesa
Soy la venganza
De los silenciosos
Soy la plétora
Soy el hígado
Desahuciado
De Hemingway
La viuda de los colores
La razón de la existencia
Soy el desastre de las familias
Soy la neurosis
Y el alumbramiento
De Freud
Soy el llanto
Del hombre
Que pierde
A su mujer
Soy la sangre
Que cubre las camillas
De los hospitales
Que ven nacer
A los genios
Soy las escamas del reptil más apto
El que recorre el Amazonas
Cantando
La canción de cuna
Que dormirá al Mundo
Soy la vida
Y nunca seré la muerte
Porque la muerte
Es demasiado
Poderosa
Para serla
Soy yo
Soy yo
Quien
Escribe
Algo
Para
Que
Sea
Lea





sábado, 29 de diciembre de 2012






LA ADOLESCENCIA DEL PROFESOR




Llay Llay, 2002


- Ojalá quieras comprender esto - le dijo su abuelo
- ¿Qué cosa abuelo? - le respondió Bruno
- Tu padre ha sido un rufián desde que se hizo adolescente
- ¿Mi padre?
- Claro - le dijo encendiendo su pipa
- Mmmh -  se quedó pensativo
- No sé qué cosa lo picó a los 15 años, que se puso tan ...tan...puerco - pronunció esto último lenta y severamente
A Bruno le sonó fuerte, pero de cierta manera estaba de acuerdo
- Podría ser abuelo, es un poco despreocupado - le respondió tímidamente
- ¡Más que eso, peor que eso, es un maldito embustero, sí, un maldito embustero! - sentenció mirando la ventana

Afuera llovía, pero el sol no menguaba. La ventana era parte de una casa de madera de ébano, pequeña; con un pórtico, una cocina, una sala, el baño y la habitación del abuelo, nada más. En medio de la pradera, ustedes conocen esa pradera, de colores verdes, amarillos, tonos marrones claros. El sol enceguecía todo el paisaje a pesar de la llovizna, el cielo era blanco. Bruno mirándolo recordó aquella vez en que, luego de perder un gallito, su padre tiró el vino con cocacola de su vaso en la cara de su abuelo objetando que éste lo hacia participar en juegos ridÍculos sólo para humillarlo, para que vieran cómo lo aplastaba; grandísimo hijo de puta insultole antes de cerrar la puerta de la cocina tras de sí y encaminarse hasta el automóvil para largarse de ahí. Esa noche durmió en casa de su abuelo que en aquel tiempo vivía con su abuela. Su abuela murió 5 años luego de ese incidente, tenía diabetes. Una semana antes, recordó también, la había pillado comiendo dulces detrás de la puerta de su dormitorio, cuando lo vió se dio la vuelta quedando de frente a la pared, y dijo en voz alta , ¡de hambre no me voy a morir!. Eso en su dormitorio propio, no dormían juntos su abuelo con su abuela. Su abuelo tenia su cama en otra habitación. Suponía que el dormir juntos tenía un caracter meramente sexual para ambos. Cuando ha sido eso lo que ha predominado en la vida matrimonial, reflexionaba, la vida amorosa es sólo eso; ¿quién dijo que el sexo no era amor? Cuando se desencadena la impotencia el amor muere con ella, con la potencia sexual. Eso le daba a entender su abuelo en sus interminables soliloquios. Hubo una vez que incluso intentó darle de beber aguardiente, él contando tan sólo 10 años; todo para prolongar la velada más allá de la medianoche: su monólogo interior en voz alta. Bruno se caía del sueño y su abuelo no paraba de hablar, de su juventud, de mujeres, y cuando vio que su nieto se caía casi de la silla, le puso un vaso y una botella en frente como la sentencia de un juez con su martillo, y sirviole tres cuartos del vaso de pura aguardiente. Bébete esto, le dijo, y se una bestia como tu abuelo. Bruno lo olió y se puso a toser. Aquella vez se fue a dormir huyendo de la cocina. Su abuela le ayudó, se encargó de increpar al viejo, le dijo que no fuera un tarado, que el niño tenia 10 años, que no me podia demacrar su cuerpo tan joven con licor. 

Bruno permanecía embuído en su recuerdo cuando escuchó la sentencia de su abuelo.
- Tu papá es un maricón
Bruno abrió los ojos hasta notársele casi toda la circunferencia
-Es un maricón, y de los más complejos: un maricón intratable - agregó
-¿Cómo es eso abuelo?
Su abuelo se embulló en sus piernas como si se hubiera quedado dormido, estaba sentado en una silla de madera que soportaba sólo su cuerpo, un cuerpo casi cadavérico.
Pasaron minutos, y el viento sopló.
-¡Es un maricón!-  exclamó pegándole a la mesa. Bruno dio un salto y quedo asustado - Un ma-ri-con-  dijo casi con la misma intensidad.
El pecho de Bruno latia casi hasta vérsele a través de la ropa. No sabía precisar a qué se refería su abuelo con maricón; si a un homosexual (pasó por su mente fugazmente la secuencia de un beso con lengua de su padre con otro hombre, le dio un asco atroz, no por una ansia homofóbica, sino por su padre: esa cara fea y rota, besando adolescentes pálidos, casi morados), o a maricón con cobarde, cosa que bien vendria al caso conociendo la relación que mantenía su padre con su padre, o sea su abuelo. No se atrevió a preguntarle a qué se refería.
- Tu padre nunca cuidó a ninguna de sus mujeres, ni a tu mismísima madre santa. Podían ellas estar sorbiéndole el miembro a otro al ladito de él, y éste no daría niún ladrido. Era un maricón.
Bruno pensó que quizás a lo que se refería su abuelo era a la estupidez humana, quizás su padre no se daba cuenta, pero cuando vinósele el rostro de su padre a la cara, endemoniada, cambio de parecer, o al menos de supuesto; su padre podía follar como un estúpido, pero follaba mucho, que es lo importante. Podía hacerse el desentendido, podía expresar indiferencia, si es que la indiferencia se puede expresar, y luego darle unos ataques privados de rabia, rabia exuberante, y romper cuanto tuviera cerca al llegar a su casa. Su padre, más que nada, y esta era la conclusión a al que había llegado luego de mucho meditar el asunto, era que éste  un neurótico-psicópata, y a momentos tiraba para psicótico furioso, lo que era ya de temer. Nunca se adaptó a nada. y alguna veces daba la sensación de no estar tampoco, era un fantasma, al menos eso era lo que Bruno sentía.
- Te contó lo que hizo con la hija del Pancho, ahh, Pancho Pobla, ese otro hijo de puta...
Su abuelo se refería a Francisco Puebla, uno de los amigos más antiguos de su padre, habían asistido juntos a la escuela, luego en el liceo Pancho se retiró, y se puso a trabajar de verdulero. Después, viendo que el negocio no fructificaba, se hizo narco, vendiale los restos de la cocaína más adulterada a los habitantes de los contornos de la ciudad, la comarca lumpesca, Y se hizo una fortuna considerable. Pero, bueno, su abuelo al que se refería era al Pancho rufián y adolescente, el pobre y desorientado, no a este exitoso negro, sino aquel que conoció en casa cuando su padre lo llevó por primera vez a tomar té. A su abuelo le pareció un chico cualquiera, sin embargo cuando comenzó la deglución de los panes con mermelada se percató de la astucia y sinverguensura de este tipo, que se llevo 5 panes a la boca en menos de 15 minutos sin dar ni siquiera las gracias o el permiso ni sonreirle al consternado anfitrión como señal de respeto. Cuando la mesa estaba llena de platos y tazas sucias y migas y manchas de té, Pancho se paró y preguntó por el baño. Y el abuelo dijole: los perros cagan afuera. Pancho estalló en risas. Con esas risas su abuelo se dio cuenta que este rufián se traía algo debajo de la manga. Así después con el transcurrir de la amistad con su padre incluso su abuelo llego a estimarlo de tal manera que le aconsejaba a su hijo que se hiciera hombre como su amigo Pancho, que no fuera maricón. Pancho fue padre a los 17. A los 34 su hija tenia 18, pero recién cumplidos, que es lo mismo que decir 17. Y el padre de Bruno una noche se acostó con ella. Se habían juntado a beber pisco en la casa de Pancho como acostumbraban a hacer en los 90. Este vivía en Santiago en una casucha cercana al barrio Bellavista, vivía por el momento solo con su hija, la madre se habia ido de viaje a Perú a coordinar un envio de merca y no llegaria hasta en 2 semanas más, situación que a Pancho le vino como anillo al dedo para desatarse, y qué mejor que con su gran amigo. Bebían pisco con cocacola, se endurecian con la reserva personal de coca de buena calidad de Pancho, veían  videos de conciertos, tocaban la guitarra y hablaban de su juventud. Llegaron incluso a los golpes del entusiasmo de su velada. Fue hasta que Pancho se quedó dormido en el sofá, eran eso de las 3 de la mañana cuando su padre se dirigió hasta el baño y en el camino encontró la luz encendida de la habitación de la hija. Esta reposaba sobre las mantas de su cama, con las rodillas dobladas, sosteniendo en los muslos un libro o un cuaderno. Llevaba pijamas, un pijamas como de franela corto y escotado. Cuando ella se percató de su presencia le dijo ah, hola. Hola le respondió este, como un niño idiota. Qué buscas?, le preguntó. Eh, iba al baño, no sabia que estabas en casa. Ah, si, estaba estudiando. Su padre ingresó en la habitación. Conversaron más o menos una hora, y luego de eso ambos estaban ya desnudos follando mientras el padre Pancho reposaba su cuerpo entumecido de brebajes crapulosos en la sala; su hija gemía desaforadamente, y Pancho no despertaba.
-La niñita se enamoró de tu padre - le dijo su abuelo - y lo buscó y lo buscó y lo buscó. Tu padre, el maricón, huyó como las comadrejas a Argentina, nos dijo a mi y a tu abuela que se iba por temas de la universidad, que quería sacar un doctorado, no sé qué, pero yo sabia que ese rufián andaba arrancando del enfurecido Pancho y de su hija inocentemente enamorada; pobre hijo de puta de Pancho Pobla.
Pancho llego alguna vez hasta donde su abuelo diciéndole que si su hija hubiese tenido 17 se habría encargado él mismo de cortarle las bolas con cortauñas, de incinerarle el pene, de romperle el orto martillazos. Pero su hija enamorada hasta la ebriedad lo defendió, le dijo, mintiéndole por supuesto, que ella lo habia incitado a acostarse con él, que él estaba borracho, que no sabia lo que estaba haciendo; ella le envió cartas diciéndole que todo iba a estar bien, cartas que por supuesto su padre nunca leyó, sino la pensionista que le arrendaba la pieza en el barrio Matucana, durante aquella época, a donde eran remitidas. Ahora, como es que Pancho supo que su hija se había acostado con su padre?, pues ella misma se lo contó. Tan enamorada estaba que pensaba en voz alta.
- Una de las tantas de tu padre- le dijo su abuelo antes de pararse a buscar más tabaco
Bruno se ensimismó, se hundió en su corriente de pensamientos, en ella aparecía y desaparecía una niña hermosa con sensuales muslos. Aparecía un hombre peludo. Aparecía la cara de Pancho,a quien conoció, pero en el pensamiento este tenia el pelo negro. Pero nunca apareció su padre. Hubiese sido insoportable imaginarlo llevando a cabo esas obscenidades, su padre, tan delicado que era. Desaparecía su padre de su imaginación, como un recorte.
-Abuelo, voy a cortar leña - le pegó un grito Bruno hacia el pasillo, como hablándole a una caverna.
Afuera ya casi llovía, y el recuerdo de su padre lo decepcionaba cada vez más, no hay padre, no hay sol.
Fue cuando escuchó una motoneta que se acercaba desde la profundidad del bosque. Un joven de su misma edad iba montado en ella. Bruno se sobrecogió.



















"y saber que llovía
por nosotros y que
la nieve era nuestra"

Leopoldo María Panero





Me hago de un bastón
para no moverme
     de mi sitio
Lo rojo de esta atmósfera
      se parece a mi
                  sangre
                a contraluz
Son las pestañas de
             esta princesa
                      que cargo en mi
                                   mano abierta
                      y que arden como balcones
                                    de mansiones indias
Me hago de un bastón
        para penetrar
          y escudriñar
        en su útero
              la gibosa figura
                          del amor
         (siento la cabeza
          rasgárseme por intentar
          a toda memoria
          huír de mi memoria
          para emprender de una vez
                                       la gloria)
No es mi encierro, mi bastón,
es el caminar
de espaldas
     hacia
            el abismo,
     despidiéndome
                     con besos
                     del perpetuo bestiario
                                       de la creación.